sábado, 3 de abril de 2010

Tierra de Limonero

Hay una tierra que no reconoce mis relieves,
ni las plantas de mis pies, ni sus manos,
Que permanecen bajo piel,
Y no rompen la epidermis del cemento.

Aquí subsisto al presente
Donde no hay brote, ni raíz,
A pesar de los frutos que crecen
Sin la flor.

El perfume, es de los ojos de un limón
Sumados en orden cósmico,
Se evaporan desde la cáscara fecunda
Y condensan por el viento, lejos de mi boca.

Pero la semilla queda, en este desierto,
en esta tierra con los pies del exilio.
Sin los pétalos, peciolo y estambre,
el polen se va donde el viento,
buscando la razón de la semilla.

Mientras, el instinto me protege
Y resisto con la cáscara más amarilla y dulce
Es solo una vertiente amarga que me riega.

Son las manos que vuelven y me exprimen
llorando sobre el pasto seco de setiembre
Que amenaza de verdores al marrón inerte
Resignándose a su condición de savia
Y brotando, como lo haría cualquier vida.



Gerónimo Josué
23 Set 2006